morning glistens cold.

martes, 16 de febrero de 2010
Nada más despertar me concedo un minuto para el absurdo.
"Todo el mundo piensa cosas absurdas. Todo el mundo dice cosas absurdas; lo malo es decirlas en tono solemne."
Noto como mi conciencia empieza a levitar sobre vuestras mentes ineptas al ritmo plúmbeo de una gran ciudad.
Estás harto, perdido en un sistema social decadente; sin solución. Has entrado en ese callejón del que ya no puedes salir. Exacto, ese que está a dos pasos de la rendición.
Necesitas algo más, algo nuevo, impactante. Algo... algo que te saque de tu mundo de humo y sonidos estridentes, de papeleo infinito y peleas absurdas, comida mala y sexo sin sentimiento. Te has atiborrado de frialdad, cinismo y mentiras disparatadas. Pensabas que todo sería más fácil así, podrías triunfar y vivir entre paredes forradas billetes de los grandes. Te propusiste matar cualquier sentimiento salvo el rencor, después de todo, sería rápido y eficaz.
¿Me equivoco?
Mira cómo has acabado. Has pasado tus horas muertas desperdiciando tiempo y lapidando tu vitalidad, torturándote sin piedad.
Has llegado a odiarte a ti mismo, a desear tu propio mal. Llegaste a pensar que no había nada más. Olvidaste tus metas y con ello condenaste a tu felicidad, renunciaste a luchar.
Te consume a diario, y yo sigo tu sufrimiento a tu lado, siendo incapaz de ayudar, mas consciente del predecible final, no opto a renunciar.
Ese suplicio que me veo obligada a soportar cada mañana al observar tu mente se ha convertido en mío. Apenas sin percatarme he empezado a pensar como tú. Como un psicólogo trastornado por el sufrimiento de de su paciente me has contagiado tu delirio, impertinente.

metamorphosis.

domingo, 14 de febrero de 2010
Cuando algo sacude tu vida de forma importante te hace pensar. Reflexionas sin tener muy claro sobre lo que va a pasar a partir de ese momento. Y entonces, antes de que te des cuenta, has dejado de ser la misma persona, tu vida ha cambiado por completo. No ves las cosas igual que antes. El carácter drástico de dicha transformación es diferente según LO que haga nos haga cambiar. En este caso hay muchos factores que entran en juego.
¿Qué es lo que nos transforma? Puede tratarse de un libro, una película, un balonazo en la cara, un filete demasiado crudo o demasiado hecho, una llamada que nunca recibimos, un cigarrillo, una enfermedad, una obra de arte, una rotura de nariz, unas navidades, un perro, una muerte, un viaje, un mal polvo, uno bueno, una ahogadilla, un día diferente a los demás, un trauma, una persona... sobretodo una persona.
Yo creo que hasta la metamorfosis más violenta es posible. Nuestras opiniones políticas pueden dar un giro de 180º grados (fahrenheit o celsius, eso depende del optimismo de cada uno), todo nuestro armario puede acabar en el contenedor de la esquina, ¡incluso nuestra sexualidad puede verse afectada!
Todo depende de nuestra percepción.

alice.

domingo, 7 de febrero de 2010
¿Cómo consigues hacerme sentir así?
Sí, te pregunto a ti y sé que lo sabes.
¿No quieres responderme o es que no sabes responderme?
Puedo parecer un detalle insignificante, pero a mi me parece un matiz que se debería tener en cuenta. Está claro que si careciera de importancia no me molestaría en hacerte esa pregunta.
Bien, dime. ¿Qué es lo que haces?
No creo en la magia ni en los fantasmas y mucho menos en el amor. Harry Potter me parece estar más sujeto a la realidad y a la razón que ese término abstracto tan desconocido para mí. Por lo tanto, no esperes que me crea esa respuesta. Yo no siento amor. De hecho, el amor no existe. En caso de que exista, me atrevo a afirmar que es como el arte moderno, objetivo... sin utilidad.
Ya veo que insistes. Entonces, ya que lo sabes tan bien, dime que es el amor. Yo no puedo decírtelo, porque no lo sé. Es como intentar definir el aire o el frío.
Lo único que yo puedo hacer es mirar dentro de mí. Buscar mis sentimientos y toparme con mi propia conciencia, que, por supuesto, los negará. Eso no quiere decir que yo no sepa que están ahí. Se parece a ignorar a una persona molesta. Aunque es un poco más costoso.
Veamos... Siento la necesidad de besarte. No te molestes en explicarme la diferencia entre necesidad y sentimiento, porque soy lo bastante inteligente como para darme cuenta de que en este caso viene a ser lo mismo.
También necesito mirar tus intensos ojos, tan verdes como el mismo corazón de un bosque. Bueno, no creo que sea amor. ¿No?
Quiero decirte que te quiero. Pero querer a alguien no significa sentir amor. No no no no no.
¿O sí?

thought but never said.

domingo, 24 de enero de 2010
Agatha,
Date la vuelta. Deja de mirarme. ¿No ves en lo que me he convertido? Soy un cuerpo sin vida. No queda nada de lo que era antes.
Apenas soy capaz de mantener mis huesos dentro de mí.
Apenas puedo sentir los latidos en mis venas.

Aléjate de mí. No quiero que me recuerdes de esta forma tan espantosa.
NO. Espera. No te vayas.

Traeme agua. Mis labios ya empiezan a desaparecer; pierden su color. No permitas que se sequen. Por favor...

Recoge mis cosas. Están dónde las dejamos. Las escondimos juntos. ¿Lo recuerdas?

Pero espera, no te vayas aún. Bésame.
NO. No lo hagas. Lo más difícil de irme, es tener que dejarte. Y si me besas jamás seré capaz.
Quédate un poco más. Cógeme la mano.

No voy a besarte. No voy a besarte. No voy a besarte. No quiero pedirte nada más. No es justo. Después de hacerte tener que soportar esto no puedo pedirte nada. Salvo...

Ya sé que estás cansada. Como sé que ya no me quieres. No puedo seguir mirándote a la cara.

Siento que tengas que pasar con esto. Ojalá no fueras tan buena. Ojalá no te carcomiera la conciencia. Lo siento. No es lo que yo quería, puedes creerme.

Entiérrame.
Que los cálidos colores disimulen la carne fría de mi cuerpo enfermo.
Que las dulces esencias florales se sobrepongan al olor que la quimioterapia ha aderido a mi espíritu.
Que la alegre melodía de alguna vieja canción sustituya a los gritos de agonía cuyo eco aún es audible en mis pulmones.

¡Sí! ¡SÍ!
¡Eso es es! Entiérrame tú.
¡Llama a Austin, a Lucy, a Alice, a John, a Sarah!
¡Llama a la tía Marie!
¡A la chica de la floristería, al anciano del quinto!
¡Llamalos a todos!
¡ESO ES! ¡Eso es! Eso es. Eso es...
Diles que me muero...
¡DILES QUE ME MUERO!

Y no me digas adiós. Es lo último que voy a pedirte.

No me digas adiós. Porque entonces no serás sincera. Me dirás que me echarás menos. Me dirás que me quieres. Y no quiero que tengas que mentirme. No quiero ponerte en esa situación. Añadir más peso sobre tus hombros, sobre los que descansará mi marchito cadáver.

Yo si te quiero. Mucho. Demasiado.
Pero tengo que irme. Y lo más duro es dejarte atrás.

Lo siento.

the trapeze swingers.

martes, 12 de enero de 2010
Caminan separadas por una distancia tan corta que podría compararse con la que une al hueso con el músculo. Y, sin embargo, les parece estar dolorosamente distanciadas. Cada una a un lado de un muro metafórico que es, a su vez, literalmente impenetrable.
Les da miedo decir lo que sienten y el mundo se está acabando. Les da miedo decirlo, pero lo gritan continuamente. De forma tan silenciosa que es imperceptible más allá del mundo de los pensamientos; de la propia psique humana.
Caminarán así eternamente, hasta que una decida que es insoportable seguir tan cerca pero tan lejos. Entonces sus pasos ya les habrán llevado a un remoto lugar, a un sitio donde nadie se había atrevido a acercarse jamás.
Será tarde.
Demasiado tarde.
Cuando quieran darse cuenta todo se habrá derrumbado con el mundo. Ya tan cansado de girar y de soportar su propio peso, que hará tiempo que habrá llegado a su fin.
Oyen flautas disonantes en la lejanía de la inquietante infinidad que les rodea. ¿De dónde sale ese sonido?
Apenas es posible distinguir la realidad de la ficción, lo que dicen de lo que piensan... Así que ahora por fin conocen la verdad. Se quieren. Pero están tan trastornadas que ya ni siquiera saben lo que significa amarse. Condenadas a una eternidad de demencia.
Quizá más cerca que nunca, pero más lejos también.