Querida Akane,
Aún recuerdo perfectamente aquellos días en los que el sonido de tu corazón parecía emular a las lluvias de cerezas de mayo.
Quizás te sorprenda que hoy te escriba después de tanto tiempo. Te pienso entre comas desde que he despertado. He estado leyendo todas las cartas que me enviaste y me he dado cuenta de lo curioso que resulta pasar de no conocerse a odiarse en apenas dos horas. Hoy, por alguna razón se ha hecho presente tu ausencia en mi tiempo y en mi espacio. Tanto es así que me duele el espejo; más por lo que no refleja que por su rotunda necedad.
Echo de menos esos tiempos en los que no te echaba de menos, porque ahora he vuelto a convertirme en todo lo que he sido y que creí haber dejado de ser. Vuelvo a ser esa desilusión ilusionada de un odio enamorado, de una tristeza sonriente en un empalagoso charco de sal. Ese silencio que grita de un muerto que respira en un frío que hierve aprisionado en sus venas.
Creo que te pienso en este tipo de mañana porque tú me piensas en este tipo de mañanas. Así que olvida mi recuerdo. Ahógalo en las olas de tus nuevos amores que florecen en otoño y marchitan en primavera. Derrítelo en el calor de tus veranos en los que el viento del océano te susurra sus secretos.
Déjame marchar. Deja de pensarme para dejar de pensarte.
Joruri
heal us.
domingo, 11 de diciembre de 2011
Se deja caer sobre un lado del colchón, exhausta. Se esconde entre los pliegues del edredón y se deja llevar por un sueño turbio e inquieto que pronto la abandona. Abre los ojos y se encuentra sola junto a un cuerpo inconsciente que respira.
Intenta volver a dormirse, pero es incapaz. Vuelve a su cabeza la noche que aún no ha quedado atrás. Ha invadido el imperio de una piel, pero sin embargo, se da cuenta de que todo lo que ha hecho, ha sido besar sobre besado. Ha conseguido conquistar un cuerpo que ya había sido conquistado. Y se percata de que sus recuerdos caen sobre un territorio ya bombardeado como proyectiles. Observa sus dedos con rechazo (casi podríamos llamarlo asco); son como soldados que han marchado sobre brechas ya abiertas. Analiza con atención lo que ha dicho y se da cuenta de que las emboscadas de sus palabras han sido sorteadas con hábiles estrategias. Ha herido y está herida con las heridas que alguien ya había lamentado y sufrido.
Sin ritmo entonan los tambores un himno que ya ha sido compuesto.
Intenta volver a dormirse, pero es incapaz. Vuelve a su cabeza la noche que aún no ha quedado atrás. Ha invadido el imperio de una piel, pero sin embargo, se da cuenta de que todo lo que ha hecho, ha sido besar sobre besado. Ha conseguido conquistar un cuerpo que ya había sido conquistado. Y se percata de que sus recuerdos caen sobre un territorio ya bombardeado como proyectiles. Observa sus dedos con rechazo (casi podríamos llamarlo asco); son como soldados que han marchado sobre brechas ya abiertas. Analiza con atención lo que ha dicho y se da cuenta de que las emboscadas de sus palabras han sido sorteadas con hábiles estrategias. Ha herido y está herida con las heridas que alguien ya había lamentado y sufrido.
Sin ritmo entonan los tambores un himno que ya ha sido compuesto.
tangents of the wit.
viernes, 2 de diciembre de 2011
Es curioso si te das cuenta. Me había parecido ver nacer a
la primavera entre este otoño, pero quizás sea un simple espejismo, porque los
recuerdos se siguen marchitando hasta que caen como las hojas que arranca el
viento. Sin embargo, un universo de delirios acolchados florece entre las
grietas hendidas en la piedra. Un universo de ilusiones engañosas, de flores
efímeras e inquietas – como la lluvia – y de estrellas trémulas que vagabundean
entre satélites.
Y una vez más, es curioso si te das cuenta. La creación de un nuevo universo genera una extraña melodía no equiparable a nada que hayas escuchado antes. Por eso escucho atentamente la sucesión de notas que nace de este desvelo ensoñado.
¿Serías capaz de nombrar las diferencias entre esto que llaman “sueño” del mundo que nos hacen creer verdadero? ¿Hay acaso alguna frontera definida con pintura roja? ¿Son acaso algo más que reflejos en una superficie lechosa?
¡Por supuesto que no! Son, a la vez, causa y consecuencia unidas a través de unas condiciones preestablecidas por una mente libre.
Y una vez más, es curioso si te das cuenta. La creación de un nuevo universo genera una extraña melodía no equiparable a nada que hayas escuchado antes. Por eso escucho atentamente la sucesión de notas que nace de este desvelo ensoñado.
¿Serías capaz de nombrar las diferencias entre esto que llaman “sueño” del mundo que nos hacen creer verdadero? ¿Hay acaso alguna frontera definida con pintura roja? ¿Son acaso algo más que reflejos en una superficie lechosa?
¡Por supuesto que no! Son, a la vez, causa y consecuencia unidas a través de unas condiciones preestablecidas por una mente libre.
truth can hurt.
domingo, 27 de noviembre de 2011
Es momento de atenerse a algo, pero… ¿a qué?
Ni tan siquiera sé si vendrás de la mano aterciopelada de la lluvia o galopante sobre la grupa de algún sol tardío de este invierno. No sé si vendrás de improviso con otro de tus trenes de madrugada o si esperarás a que la luna llena vuelva a reflejarse sobre los charcos de sabe Dios qué acera.
Dime, ¿vendrás como un incendio en blanco y negro que surge ceniciento del hielo de mis llamas consumidas o como el beso más amargo del andén número tres?
No sé si vendrás desde silencio eterno de las acacias de tus valles, desde el deseo, desde el sufrimiento, desde un viaje o desde la mismísima muerte.
Quizás aparezcas al mismo tiempo que una cometa escapa arrastrada hacia el cielo azul de Singapur. Al mismo tiempo que un vaso de agua se derrama sobre el libro más bello. Al mismo tiempo que una duda mortecina destroza los principios más inamovibles.
Todo lo que puedo hacer es aguardar con los nervios a flor de piel, como cuando de niña me sentaba frente a la puerta de casa a esperar pacientemente al verano y a sus noches cortas.
¿Qué más da si muero esperando si sé que algún día vendrás?
Ni tan siquiera sé si vendrás de la mano aterciopelada de la lluvia o galopante sobre la grupa de algún sol tardío de este invierno. No sé si vendrás de improviso con otro de tus trenes de madrugada o si esperarás a que la luna llena vuelva a reflejarse sobre los charcos de sabe Dios qué acera.
Dime, ¿vendrás como un incendio en blanco y negro que surge ceniciento del hielo de mis llamas consumidas o como el beso más amargo del andén número tres?
No sé si vendrás desde silencio eterno de las acacias de tus valles, desde el deseo, desde el sufrimiento, desde un viaje o desde la mismísima muerte.
Quizás aparezcas al mismo tiempo que una cometa escapa arrastrada hacia el cielo azul de Singapur. Al mismo tiempo que un vaso de agua se derrama sobre el libro más bello. Al mismo tiempo que una duda mortecina destroza los principios más inamovibles.
Todo lo que puedo hacer es aguardar con los nervios a flor de piel, como cuando de niña me sentaba frente a la puerta de casa a esperar pacientemente al verano y a sus noches cortas.
¿Qué más da si muero esperando si sé que algún día vendrás?
afternoon coffee.
sábado, 26 de noviembre de 2011
El tiempo sostiene el cielo sobre mi cabeza, y la esencia
vetusta de la agotada brisa de esta tarde de noviembre se cuela entre las
pequeñas rendijas y grietas de toda la memoria que quedó atrás hace apenas unas
horas. Lentamente muere otro día a mis espaldas, se consume otra llama en
alguno de mis polos. El sol pierde su fulgor blanquecino y, sin embargo, su
arrogancia no decrece. Continúa ajeno a todo, ignora que a su lado, junto al mismo
rumor de su partida, el año está pasando. Que estoy perdiéndolo,
imperceptiblemente.
Sólo yo sé qué parte de mi ha muerto esta madrugada.
El tiempo insiste en permanecer al margen, siendo siempre esa duda vaga que nadie se plantea hasta que es demasiado tarde. Esa duda se manifiesta como un gran espacio entre mis manos, que como la más leal promesa, no desaparece hasta cumplirse.
Me alivia saber que en un par de millones de fracciones de segundo se volverá a renovar el universo. La idea de comenzar de nuevo se está haciendo cada vez más apremiante.
Sólo yo sé qué parte de mi ha muerto esta madrugada.
El tiempo insiste en permanecer al margen, siendo siempre esa duda vaga que nadie se plantea hasta que es demasiado tarde. Esa duda se manifiesta como un gran espacio entre mis manos, que como la más leal promesa, no desaparece hasta cumplirse.
Me alivia saber que en un par de millones de fracciones de segundo se volverá a renovar el universo. La idea de comenzar de nuevo se está haciendo cada vez más apremiante.
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